(1) tu nombre
(2) el nombre de tu Johnny
(3) el apellido de tu Johnny
—Bueno, ¿Quién quiere jugar a un juego?—Habló de repente (2). Los dos pequeños lo miraron expectantes, y ella sólo de mala gana—. Se llama verdad o reto, ¿Quieren jugar?
— ¡Sí!-Chillaron los pequeños al mismo tiempo.
—Por dios (2), sólo tienen 4 y 6 años, no vas a hacerlos jugar verdad o…
— ¿Te unes, preciosa?—Le preguntó con una sonrisa arrogante, esa sexy sonrisa que a ella tanto le molestaba.
—Ni de chiste—Dijo ella, negando con la cabeza.
— ¡Por favor, (1)! Será divertido—Le dijo Aoi, y había algo en su mirada que logró convencerla, o era simplemente que el hecho de que (2) se lo pidiera le molestaba.
—Bien, cómo sea.
— ¿Cómo se juega?—Preguntó Saya, con su voz joven.
—Fácil, sólo tienen que elegir a alguno de los jugadores, y preguntarles si quieren verdad o consecuencia
— ¿Y si eligen verdad?—Preguntó Aoi.
—Si eligen verdad, ustedes tienen que preguntar algo, y tendrán que responder con nada más que la verdad.
— ¿Y reto?—Preguntó ella otra vez.
—Tendrás que darles un desafío—Respondió (2).
— ¿Cómo cuál?—Preguntó Saya.
—Lo que se les ocurra, como darse un chapuzón en la piscina con ropa o, comer pasta de dientes o… lo que sea
— ¡Suena divertido!-Dijo Aoi.
—Bueno, empiezo yo. Saya, ¿verdad o consecuencia?
—Verdad—Respondió la pequeña con duda.
— ¿Tú te robaste mi refresco hoy en la mañana?—La pequeña asintió, casi avergonzada, y (1) y (2) no pudieron evitar reír—. Ya verás, me las vas a pagar.
—Yo ahora—Chilló Aoi y miró a (1) —. ¿Verdad o consecuencia?
—Verdad—Respondió ella rápidamente.
— ¿Tú y (2) son novios?—Él no se iba a cansar, incluso luego de que le dijeron que no unas cuantas veces. (2) se rio, pero (1) se mantuvo seria.
—No, cariño, ni en mil años.
— ¿Por qué no?—Preguntó él.
—No, Aoi, sólo una pregunta—Sonrió y miró a Saya—. Saya, tú ahora.
—Ee… (2).
—Consecuencia—Dijo él, para elegir otra cosa.
—Un chapuzón a la piscina con ropa y todo—Dijo ella riendo, todos rieron y (2) frunció el ceño.
—Eso no vale, yo di la idea, sé original.
—Lo siento, pero es tu desafío—Le dijo la chica. (2) quería mirarla mal, pero ella era simplemente tan… hermosa, que sólo le daban ganas de sonreír.
—Bien— (2) se levantó y se fue al patio. Los pequeños lo siguieron ansiosos. Mientras (1) venía un poco más rezagada. Fue imposible no reír cuando (2) se quitó las sandalias y saltó a la piscina con los jeans y la camisa blanca puestos, incluso cuando a (1) le llegó agua encima.
Fue imposible no mirarlo cuando salió de la piscina; la camisa ahora se trasparentaba y pega al cuerpo del chico dejando ver perfectamente su torso desnudo debajo. Los pantalones, demasiado abajo por defecto, ahora estaban aún más abajo, y el cabello alborotado estaba aplastado, y sólo lo hacía verse aún más… deseable.
(2) se sentó en el suelo, seguido por sus hermanos y (1).
—Esa ha sido buena—Dijo (1) y levantó su manos. Saya la chocó, dándose “5”.
—Te toca dulzura—Ella lo fulminó con la mirada y luego miró a Aoi—. ¿Alguna chica en el colegio que te guste?
—Sí—Respondió el, tímida.
—Buena campeón—Chillo (2), con emoción—. A por ella...
—Eres el menos indicado para aconsejar, (2) —Dijo (1), golpeándole el hombro. Él sólo bufó.
— (1) —Dijo (2). (1) suspiró. Tenía el ligero presentimiento de que si escogía verdad, iba a preguntarle algo que ella no se molestaría en responder, y si elegía consecuencia, estaba segura de qué se podría tratar.
— ¿Se vale ninguna?
—No, preciosa, tienes que elegir.
—Amm… consecuencia.
—Tienes que dejar que te bese, siempre que quiera, por la siguiente semana.
— ¿Qué?—Gimió ella y negó rotundamente con la cabeza—. Ni te creas que voy a dejar que…
— ¡Pero (1)!-Reclamó Aoi—. SI no lo haces sería trampa
—Ya lo sé, Aoi, pero…
—Nada de peros, señorita, ya le di su consecuencia.
— ¡No vale así!-Chilló (1), como niña pequeña—. No vale porque sólo pueden ser consecuencias que tengan sólo sean válidas hasta que dejemos de jugar.
—Nunca especificamos eso— (2) ladeó la cabeza con gesto arrogante, (1) gruñó.
— ¿No vas a cansarte verdad? Es imposible esperar algo bueno de ti, todo tiene que ver contigo. ¿Si quiera te has parado a pensar en lo que yo quiero? ¿En si de verdad quiero que me…—Miró a los pequeños, que miraban expectantes. Se interrumpió a media oración—. Deje llevar por ti a tu habitación, (2)?
—Buena pregunta, ¿Pero por qué no te la respondes tú misma?—Preguntó él arqueando una ceja, divertido.
— ¡No quiero!-Respondió furiosa, aunque se demoró más en responder de lo que debió haberse demorado.
—No quieres—Dijo él, riendo, como si lo que (1) había dicho fuera lo más ridículo que hubiera escuchado—Vamos a repasar. Mírame (1) — (2) se apuntó a él mismo. Por más tentadora que sonara la idea, (1) se obligó a mirarlo sólo a los ojos—. Ahora, piensa, ¡Vamos! ¿Qué mujer se resistiría a mí?
—Narcisista hijo de...-Y otra vez los niños. Inspiró profundamente para calmarse—. Antes yo ni si quiera existía para ti.
—Pero bueno, ¿Qué le iba a hacer? El problema es que ahora estás en mi casa, cerca y…
— ¿Eres tan sátiro que no soportas el hecho de que una chica se te pasee por delante? ¿O eres tan narcisista que no soportas la idea de que alguien no acceda a tus deseos?
El muy maldito sonrió, torcidamente. ¿Es que no había anda que lo enojara ni lo sacara un poquitito de quicio? ¿Algo que lo hiciera enfadar? Y si lo había, no había encontrado qué, porque siempre el terminaba con su sexy sonrisita arrogante en el rostro y ella con la cara ardiendo de rabia.
— ¿Por qué no van a ver tele, hermanitos? Estoy seguro de que ya empezó su programa favorito—Dijo (2), sin despegar los ojos de (1) ni quitar la sonrisa del rostro. Aoi lo miró y se cruzó de brazos.
—Pero yo no quiero irme—Dijo él.
—Ve o le diré a mamá que tú rompiste el vaso.
—Te odio—Bufó él y se fue a la habitación seguido por Saya.
—Bueno. Si te tengo que ser sincero; no, no soporto el hecho de que te hagas la difícil, pero eso es lo divertido., además—(2) la repasó con la mirada, y cuando llegó de vuelta a sus ojos, se mordió el labio inferior—, nunca me había tomado el tiempo de prestarte atención y darme cuenta de que ya no eres la misma niñita de ocho años que conocí, de darme cuenta de que estás más guapa, más sexy, carismática, atractiva, deseable y que expiras una buena cantidad de Sex-Appeal. Son suficientes razones, deberías dejar de intentar hacerte la difícil, nena.
—No me estoy haciendo la difícil, sólo no quiero—Espetó de mala gana.
—Ya, no quieres—Repitió, burlándose—. (1), ¿Cuánto más quieres seguir con la farsa? Sé que me deseas, no soy indiferente a eso, y también está el hecho de que tuviste un sueño conmigo, ¿Qué estábamos haciendo en tu sueño, nena?
— ¡Eres desesperante!—Casi gritó— ¡No me voy a revolcar en tus sábanas!
— ¿Por qué tan segura?—preguntó, divertido.
— ¿Quieres saber por qué? ¡Porque te odio! ¡Odio a los chicos como tú! Odio que te creas superior a los demás, odio que seas así de mujeriego, odio que seas así de narcisista, así de sátiro, ¡No soporto a los imbéciles que creen que tienen a todo el mundo bajo sus pies! (3) (2), tú estás muy lejos de tener los requisitos suficientes como para que te dé algo más que no sean golpes, así que para de intentar porque no conseguirás absolutamente nada.
La mirada de (2) brilló, como si estuviera ofendido de sus palabras. (1) estuvo a punto de arrepentirse de lo que había dicho cuando vio esa sonrisa burlona aparecer en el rostro del castaño.
— (1), no soy tan malo—Se rio, negando con la cabeza—. Vale, sí puedo ser un poquito narcisista y sátiro, pero no me creo superior a nadie, ni mejor que nadie.
—Ya, claro, y yo soy una AKB48 (sin ánimos de ofender xD) —Dijo ella con tono enojado y sarcástico. (2) sonrió, pero no esa sonrisa burlona a la que estaba acostumbrado. Si no hubiera estado tan enojada, habría pensado que era la sonrisa más tierna del mundo.
—No es así, tú eres más linda. - Por más que intentó que sus mejillas no subieran su temperatura, fue imposible evitarlo, pero no creía que él lograra notarlo.
— ¿Qué otra técnica vas a emplear para enredarme contigo, (2)?—Dijo ella con tono divertido, pero enojado—. ¿Decirme que soy hermosa? ¿Decir que soy la mujer más perfecta del mundo?
(2) se encogió de hombros, despreocupado.
—No hay mucho que no sepas ya, supongo que no es necesario que lo diga.
—Error—Dijo ella, cruzándose de brazos—. ¿Por qué estás intentando meterte conmigo, eh? No soy tonta, estoy muy lejos de parecerme a las rubias huecas y putas con las que sales.
—Supongo que debes conocerme, desde pequeño, cuando quiero algo, lo consigo.
— ¿Soy un capricho?—Preguntó enojada de nuevo. (3) negó levemente con la cabeza.
—Cree lo que quieras.
— ¡(3)! ¡Eres desesperante! No sé por qué cada vez que estoy cerca de ti siento ganas de estrangularte…
—Sí, me habías dicho eso unas cuantas veces…
— ¡Hablo en serio! ¡Ya me pisoteaste una vez! ¡Ni creas que voy a dejar que lo hagas de nuevo!—Salió corriendo, no iba a dejar que (2) la viera débil. Se encerró en su cuarto.
— ¿(1)?
— ¡Déjame en paz, (3)!—Gritó desde el otro lado de la puerta.
—No te encierres como una niña pequeña, sal de ahí, podemos hablar.
—No quiero hablar contigo.
— (1) —Dijo con tono suplicante—. Va en serio, sal de ahí.
—Esto también va en serio: vete de aquí.
—Es mi casa, por si no lo recuerdas.
—No es tu casa, es de tus padres, y según tus padres, yo estoy a cargo.
(2) suspiró frustrado, no iba a ponerse a discutir sabiendo lo cabezota que era. Bajó hasta la cocina y agarró un cuchillo, para luego ponerlo en la cerradura, y con una leve vuelta, abrió el seguro.
— ¡Es que es imposible deshacerme de ti!-Gruñó (1) cuando él cerró la puerta a sus espaldas.
—Correcto—Dijo él, ladeando la cabeza.
—Eres peor que una cucaracha—Dijo ella entre un suspiró, (2) rio, pero ella estaba lejos de querer bromear. Se sentó a su lado en la cama.
— (1) sólo era un niño—Murmuró él.
—Y éramos amigos—Por primera vez ella lo miró a los ojos—. Eso no te importó.
— ¿Cuánto ha pasado? ¿10 o 11 años? ¿Por qué mejor no te olvidas de eso?
—Ya me olvidé de eso, me olvidé de nuestra amistad y de todo lo que hicimos juntos, cosa que no significa que me haya olvidado de lo negro que se volvió tu corazón. Eres muy diferente a lo que deberías ser—Ella negó con la cabeza, melancólica—. Tú no eres (3) (2), no sé quién eres.
—Todos cambiamos.
—Sí, inventa la excusa que quieras, porque yo jamás voy a olvidar lo que me hiciste.
—Lo lamento en serio.
— ¿Lo lamentas?—Preguntó ella riendo, pero sin perder su enojo y la leve tristeza en su voz. Negó con la cabeza—. Tú no lo lamentas, ni si quiera te importa, sólo quieres llevarme a la cama.
— (1), quiero estar contigo, y no sólo porque sí—Le susurró él al oído.
—Claro—Dijo, lejos de estar de acuerdo— (2), ¿Qué estás haciendo?
Los labios de (2) estaban en su cuello. La atrapó de la cintura y la atrajo hacia él. Antes de que (1) pudiera reclamar algo, (3) ya había cubierto sus boca con la suya.
<<Ríndete, la única forma para que te deje en paz, es que le des lo que quiere, sólo un polvo>>
(1) cerró los ojos con fuerza, alejando las lágrimas que amenazaban con salir, y se aferró con fuerza al cuello de (2). Ya era suficiente. La hizo recostarse con él encima, mientras él la besaba tan tiernamente que creía que no se había dado cuenta de que (1) lo había dejado pasar a mayores. Sabía que saldría lastimada, de nuevo, pero no tenía intenciones de seguir luchando contra (2). Suponía que si se acostaba con él, dejaría de molestarla; lo conocía lo suficiente como para saber qué (3) (2) no se acostaba con una chica muchas veces, menos si no era lo suficientemente ardiente, y (1) sabía lo lejos que estaba de igualar a las putas de (2).
<<Y ahora tú eres una de ellas>>
Ignoró la vocecita de su cabeza y dejó pasar a la lengua de (2) cuando ésta quiso abrirse paso para explorar su boca. Las caricias de (2) fueron como fuego sobre su piel, quemándola, ardientes. (2) gruñó algo ilegible sobre sus labios y volvió a atacar su cuello. (1) tiró su cabeza hacia atrás para darle un mejor acceso a esa zona. Él enredó sus manos entre su largo cabello negro un segundo antes de besar suavemente su mandíbula.
— ¿Qué están haciendo?- (2) se separó de (1) en un gruñido. Quería a su hermanito pero solía ser la persona más inoportuna del mundo.
—Nada, Aoi, ¿Qué sucede?—Preguntó (2) levantándose de la cama.
—Pero si se estaban besando…
—Ya sé—Murmuró frustrado—. ¿Qué pasa?
—Tengo hambre—Alegó el.
— ¿Hambre?—Preguntó frunciendo el ceño. Luego suspiró frustrado—. ¿Y qué quieres que haga yo?
— ¿Comida?—Preguntó el, como si fuera lo más obvio del mundo. Lo irónico era que sí lo era.
—Bien, bien, te haré un sándwich, es hora de merendar—Murmuró él. Aoi sonrió y se fue. (2) la miró. (1) no supo adivinar a qué se refería su mirada, pero no le extrañaba que fuera un “Esto no se termina aquí”. Desapareció por la puerta detrás de Aoi.

Contiii onegaiii!! Lo necesito para poder vivir!! XD
ResponderEliminarGracias por escribir
Uwaaa me encanto, me dejaste con la super duda de el final
ResponderEliminar¿Qué es lo que pasará a partir de ahora? :O
Contii contiii
Gracias por este cap!!!