jueves, 29 de mayo de 2014

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~La niñera~ Capítulo 1

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(1) tu nombre
(2) el nombre de tu Johnny
(3) el apellido de tu Johnny

—Y ésta será tu habitación—Le dijo Kaori con su agradable voz—Ahí está el armario, ahí hay una tele y una computadora, puedes usarlas cuando quieras.
—Está perfecta, Kaori.

(1) contempló la habitación completa; mismo largo y mismo ancho que la de ella, lo cual era obvio porque la casa de la familia (3) y de la familia Tanaka, eran del mismo condominio elegante y sofisticado.

50000 yenes cada mes; eso implicaba una supervisión de 24 horas de tres personas por lo que tendría que mudarse a la casa de los (3) durante tres meses, lo cual no era mucha diferencia, pues vivía exactamente justo en la casa de al lado.

—Si los pequeños te dan problema, no dudes en decirnos, podemos contratar a otra persona, aunque sabes que no me llevo con la idea de que los cuide alguien que no es de mi confianza
—No se preocupe, Kaori, me encantan los niños, vamos a llevarnos muy bien—Sonrió ella—.
—Gracias cariño, porque la última opción que me quedaba era (3), pero ya sabes cómo es él—Suspiró resignada—Vive en su propio mundo y no es bueno preocupándose de los demás
—Sí, sé cómo es—Evitó bufar—Tendría que aprender a ser más responsable
—He intentado de todo—Volvió a suspirar—Sólo espero que sea una etapa y nada más

¿Una etapa? Lo dudaba; hacía dos años (3) (3) venía comportándose de la misma manera narcisista y ninfómana.

—Bueno, entonces ¿Eso es todo lo que necesito saber?-Preguntó la chica luego de un pequeño silencio
—Eso es todo, cariño—Sonrió Kaori—
— ¿Qué hay de (3)? ¿Sus horas de llegada cuáles son? No quiero que alguien entre a la casa y piense que es un ladrón cuando en realidad es él
—Siempre es él, mi vida—Sonrió Kaori—Los días de escuela llega temprano, esto quiere decir de lunes a jueves; sé que ustedes están de vacaciones, pero aun así quiero que él llegue a los mismos horarios de siempre, como si estuviera en la universidad
—Bien ¿Y cuáles son esos horarios?
—Los sábados tiene permiso para quedarse hasta tarde fuera; generalmente se queda a dormir en la casa de Takumi. Los viernes también llega algo tarde, pero siempre pasa la noche en la casa. Si no llega temprano de lunes a jueves y el domingo, háznoslo saber; no quiero que crea que porque no estamos y porque la universidad les dio a todos tres meses de vacaciones, puede comportarse peor de lo que ya lo hace
—Está bien, yo me encargaré de que (3) no se crea en la libertad de hacer lo que quiera—Le dijo (1) poniendo sus maletas sobre la cama.
—Vamos abajo, cariño; los niños se están despidiendo de Haru

(1) bajó detrás de Kaori. Al llegar abajo, Aoi se despedía de Haru mientras (3) tenía a Saya en sus brazos; (3) era el típico niño bonito narcisista de la universidad; a pesar de que era un descontrolado total, sabía tocar cuatros instrumentos y una vez cuando eran pequeños, (1) lo había escuchado cantar; dudaba que siguiera cantando igual de hermoso como lo hacía antes… antes él no era así, antes eran amigos… (3) había cambiado radicalmente cuando habían entrado a una nueva escuela cuando tenían 8 o 9 años; se había distanciado de ella porque había encontrado nuevos amigos, a los cuales les gustaba hacer lo que a él le gustaba hacer, no a una niña que le gustaba hacerlo tomar el té con ella. (1) realmente lo quería, y mucho, era su mejor amigo; sin embargo él había elegido a las chicas y a la popularidad por sobre ella.

Estaba estudiando derecho en la universidad; a pesar de todo, tenía muy buenos promedios; casi iguales a los de ella, con la diferencia de que ella se esforzaba mucho más; odiaba que él fuera tan… tan jodidamente perfecto. Le iba de maravilla en todos los exámenes siendo que se la pasaba de fiesta en fiesta y de chica en chica. Lo peor de todo es que ella también estaba estudiando derecho. ¿De todas las carreras él había tenido que elegir la misma que la suya?

Tenía que aceptar que (3) era casi un maldito prodigio; Había aprendido a tocar completamente solo cuatro instrumentos distintos, sabía cantar y bailar, y le iba de maravilla en la universidad sin esforzarse ni lo más mínimo. Ella apenas sabía tocar la flauta y cantar un poco, y si quería que le fuera bien en los exámenes, tenía que pasarse horas y horas estudiando.

Si no fuera porque a (3) le iba jodidamente bien en los estudios, Kaori y Haru lo habrían ya mandado a una escuela militar en donde le corrigieran su estúpido comportamiento y donde aprendiera qué se sentía no tener a una chica que te complazca todas las noches.

—Adiós cariño, que te vaya bien con los niños—La sacó Kaori de sus pensamientos mientras se despedía desde la ventanilla del auto. (1) agitó su mano en señal de despedida—
—Los amo, mis niños—Les dijo Haru a todos sus hijos. Saya y Aoi respondieron felices, mientras (3) sólo llegó a atinar una sonrisa—

Aoi entró corriendo a la casa, seguido por Saya que aún no aprendía a caminar muy bien. (1) se puso enfrente de (3) para evitar que él pasara. Él  la miró frunciendo el ceño.

—Querida (1), no quiero sonar grosero, pero me estorbas el paso
—Vamos a aclarar ciertas cosas—Le dijo intentando no sonar enojada. Desde que él la había desechado como amiga, (1) le guardaba un rencor enorme, y le enojaba el hecho de sólo verlo—Primero que todo: nada de llegar tarde los días de semana
—Estás a cargo de mis hermanos—Dijo acercándose a ella, por lo que (1) tuvo que levantar su mirada para poder verlo a los ojos—No de mí
—No, pero tu madre me lo ha especificado claramente; sólo tienes permiso los viernes y sábados para llegar a deshoras—Él se rio burlonamente
—Ay preciosa, no recordaba que fueras tan graciosa
—¿Tú? ¿Acordarte de algo de mí?—Ahora fue ella quien rio burlonamente—No me hagas reír, (3).

(3) frunció el ceño.

—Segundo: Sé que cuando tus padres no están en casa, traes a chicas, te he visto.
— ¿Ahora me espías? ¿Estás obsesionada conmigo o algo?—Preguntó divertido— 
—(3)—Ella gruñó—Vivo al lado tuyo ¿Acaso te parece extraño que vea lo que hacen los vecinos a veces?
—Si tú lo dices…
—El punto es que no quiero que tus juntas con chicas sean aquí, ¿Bien? Si quieres, te vas a un motel o a algún callejón, pero aquí no 
—Oh, ¿Ahora te crees la dueña de la casa?—Preguntó (3)—
—No, pero tu madre me ha dado la autorización para poner reglas y esas van a ser. Sólo dos: Tus horarios serán los mismos de siempre y no quiero chicas aquí
—Qué miedo me das, preciosa, con tu tono amenazante de bruja mala—Sonrió de costado—

(1) gruñó; odiaba que él la llamara “Preciosa” porque así era cómo la llamaba hace años atrás, cuando eran amigos.

—Y una última regla: NO ME LLAMES PRECIOSA—Le dijo recalcando las palabras
—No sé si podré cumplir con esa, “preciosa”—Sonrió burlón y de un pequeño empujoncito, la sacó de la puerta y él entró a la casa. (1) respiró hondo, intentando relajarse

“Sólo son tres meses, y lo mejor es que (3) no va a estar en casa la mayoría del tiempo”

Entró a la casa y cerró la puerta a sus espaldas, se acercó a los pequeños.

—Tengo una sorpresa para ustedes—Les dijo— ¿Quieren verla?
— ¡Sí!-Chillaron emocionados al mismo tiempo; aunque la voz de Aoi había sido más entendible
—Vengan conmigo

(1) tomó a Saya en brazos y subió la escalera con Aoi detrás. Dejó al pequeño en el suelo y comenzó a revolver la maleta. Si había algo que iba a hacer que esos dos pequeñitos la amaran, era darles un regalo.

—Aoi, éste es para ti—Le entregó un pequeño paquete envuelto en un papel de regalo azul con pelotas de fútbol adornándolo
—Gracias—Dijo emocionado y comenzó a abrir el papel rápidamente
—Y éste para ti—(1) le entregó otro paquete a Saya, envuelto en un papel de regalo color rosado adornado por florcitas
— ¡Un auto de colección!-Chilló Aoi— ¡Gracias (1)! Es nuevo y moderno.
—De nada, príncipe—Le sonrió y se agachó para quedar a la altura de ambos
—Gracias—Volvió a repetir Aoi y le dio un fuerte abrazo
— ¿Qué esperas? Ve a jugar con el—Dijo (1) y Aoi salió corriendo de la habitación. Ayudó a Saya a abrir el regalo; la pequeñita tenía dos años pero era muy inteligente
— ¿Qué es?—Preguntó con su voz tiritando— ¿Una muñeca?
—Sí, es una muñeca muy bonita
— ¿Quieres jugar conmigo?—Le preguntó la pequeñita
—Ve abajo, yo te alcanzo—Sonrió la morena. Saya asintió y caminó como pudo las escaleras, que estaban hechas de tal manera que los niños pudieran bajarlas sin problemas

(1) dio un respingo cuando se levantó del suelo y al girarse se chocó con un musculoso pecho.

— ¿Nada para mí, preciosa?—Le preguntó el moreno con una sonrisa torcida
—Vuelve a llamarme preciosa, y lo que te daré será un golpe, (3)—Le sonrió sarcástica
—¿Por qué estás tan a la defensiva, preciosa?—Preguntó sonriendo
—Serás imbécil (3)—Masculló y lo empujó, para luego bajar las escaleras furiosa


Aoi aún peleaba con el envoltorio del auto, (1) rio y se acercó a ayudarlo, lo mismo hizo con Saya; estuvo un rato jugando con ella y la muñeca y luego fue con Aoi a jugar con el auto. ¿Y (3) dónde estaba? No tenía idea pero entre menos tiempo estuviera cerca, mejor era para ella.

La tarde pasó normal; no era muy difícil cuidar a los pequeños, sólo había que encontrar la manera correcta de mantenerlos ocupados en algo. Hizo las camas y lavó los platos; no entraba en su trabajo pero sabía que si ella no lo hacía, (3) no iba a hacerlo.

Se destacaba por ser la chica perfecta; perfecto comportamiento, perfecto promedio, perfecta personalidad. Todo en ella era perfecto: puntual, guapa, inteligente, responsable.
Pero a eso se le sumaba lo aburrida; no le gustaban las fiestas ni el descontrol total, quizás por eso la amistad entre ella y (3) no había funcionado: eran demasiado diferentes. Pero eso no justificaba nada. (3) la había usado como si una botella desechable se hubiera tratado; un maldito desgraciado, no era que él le desagradara; porque era divertido, bromista y simpático, sin contar lo guapo que también era. Pero lo odiaba, odiaba lo que él le había hecho, y a pesar de que habían pasado más de 11 años, lo seguía odiando por haberlo hecho, y lo seguiría odiando el resto de su vida. Tenía ganas de darle una lección de hacer que aprendiera, de que supiera qué se sentía cuando alguien te desechaba.

Eran las nueve de la noche. (1) acostó a Saya y a Aoi en sus respectivas camas y los arropó con cuidado; apagó la luz y dejó la puerta semiabierta.

Escuchó voces abajo, por un momento se alarmó, pero de seguro era (3).

Bajó la escalera dispuesta a hacer una escenita si al muy estúpido se le había ocurrido traer a alguna puta a la casa.

—Uy, ¿Y esta chica guapa es tu vecina?—Dijo un chico rubio de ojos marrones, casi del mismo porte de (3)

(1) lo miró y lo analizó; exactamente igual que el idiota de su amigo (3); egocéntrico, mujeriego y sumamente guapo. La miraba como si ella se tratara de alguna pintura de museo, lástima que ella no era como las demás chicas.

—No quiero sonar grosera, pero no soy de exhibición—Le dijo (1) con mala cara
— ¿Tú crees?—Él se relamió los labios y la volvió a repasar con la mirada—Yo creo que sí
— ¿Nunca has escuchado hablar del respeto a una mujer?—Ella arqueó una ceja
—Ay preciosa, que desconsiderada eres—Se rio (3)—Él es Takumi, mi mejor amigo

(1) le lanzó una mirada asesina a Takumi. ¿Le dio envidia? ¿Celos? Sí, tuvo celos, porque cuando tenían 10 años, (3) solía decir “Y ella es (1), MI MEJOR AMIGA”. Oh! pero eso ya no era así, ahora ella sólo era la aburrida y tonta vecina de al lado, ya no más su mejor amiga.

Ya habían pasado 11 años, ¿Cuándo iba a superarlo?

— ¿Desconsiderada? ¿Yo? Es él quien me está mirando sin disimulo alguno
—Ella es aún más graciosa de lo que me contaste que era—Dijo Takumi mirando a (3). Ambos rieron, (1) gruñó—Y bueno, ¿Me vas a decir tu nombre, guapa?
— ¿Tendría qué?—Le preguntó ella sonriendo fingidamente
—Su carácter me pone—Dijo Takumi— ¿No te gustaría que nos fuéramos a divertir un rato, preciosa?

(1) se acercó a él con una sonrisa pícara. Takumi por un momento pensó que la tenía, incluso (3), que no se esperaba que (1) hubiera caído tan rápido, pero la escena cambió de un momento a otro cuando la mano de la joven aterrizó contra la mejilla del chico.

—Eso, vuelve a intentar flirtear conmigo, y será un golpe—Dijo y subió la escalera camino a su cuarto
— ¿Me ha golpeado?—Preguntó atónito Takumi, sobándose la mejilla
—Eso parece—(3) estalló en carcajadas—Te advertí cómo era la fiera, no me hiciste caso, y ahora mira lo divertido que te ves con su mano marcada en tu mejilla
—Ya, no te rías, (3)—Se quejó
— ¿Y cómo quieres que no me ría? Te ha golpeado, Takumi, por coquetear con ella ¿Dime qué chica te había hecho eso antes?
—Si te lo hubiera hecho a ti, yo no me estaría riendo—Le dijo Takumi mirándolo mal
—Ay Takumi, la diferencia, es que a mí, las chicas no me hacen eso
— ¿Ah no? Te aseguro que ésta fiera sí
—Claro que no—Dijo con una sonrisa autosuficiente—Sólo tendría que domesticarla un poco
—¿Tú crees?—Takumi arqueó una ceja, divertido—Pues hagamos una apuesta
—¿Qué tienes en mente?—Preguntó con su sonrisa egocéntrica
—Te diría que tienes que llevártela a la cama, pero dudo que esa fierecilla se haya abierto de piernas para alguien
—Sí lo hizo: Abe Hayate, en el último año de secundaria, también para Iwasaki Ryota, también en último año de secundaria. (1) los quería mucho, pero Hayate la engañó luego de haberle prometido cielo y tierra, y Ryota tuvo que mudarse a Inglaterra por culpa del trabajo de su padre
— ¿Cómo sabes eso?
—Sabes que nuestras madres son amigas, pues un día fui a casa de (1) con mi madre. Ella estaba con su mejor amiga: Kokoa. Las escuché hablando sin querer acerca de eso. Créeme cuando te digo que a esa fiera, si se la domestica, es aún más sumisa que un gatito
—Bueno, entonces, te doy un mes para que te la lleves a la cama, (3). Si no, me pagas 70000 yenes.
—Hecho, pero si yo gano, correrás sólo con un bóxer por la pista de fútbol, dos vueltas completas
—Hecho—Sonrió Takumi y se dieron la mano

~~~
(1) se puso enojada el pijama, ¿Que todos los chicos eran iguales? ¿Nadie diferente? ¿Nadie que valiera la pena? ¿Nadie que la quisiera en serio? Ya tenía 19 años y había estado enamorada sólo dos veces; las dos veces había sido un error, a veces llegaba a pensar que moriría sola.

“No chicos, no problemas” era mejor así.

Apagó la luz y cerró sus ojos, no tardó mucho en dormirse, había sido un día agotador: había tenido que jugar con Aoi y su auto y Saya y su auto todo el vendito día, suerte que habría una semana en la que sus abuelos se los llevarían al otro extremo de Tokyo, que era donde ellos vivían.

Sus padres no la extrañarían mucho; la mayoría de las veces no estaban en la casa, sino que en un viaje de negocios o en alguna reunión importante, sólo los veía los fines de semana y en algunos casos especiales ellos estaban en casa algún día de semana. Aunque ya era mayor de edad, incluso debería mudarse a vivir sola, pero odiaba la soledad como también a veces la amaba, por eso la casa de sus padres era perfecta, porque a veces estaban y a veces no.

Terminó de estar completamente vestida a las nueve de la mañana; no acostumbraba dormir hasta muy tarde sobre todo porque no solía acostarse más allá de las once de la noche.
Bajó a la cocina y se preparó dos tostadas con mantequilla, las puso en la mesa y se preparó también un café no muy cargado, como a ella le gustaba. Prendió la tele y puso un canal de algún documental sobre la tierra. Se sentó en la mesa y comenzó a comer, ésta no era su casa, se sentía tan extraña de estar ahí.

Comenzó a pensar en (3) inconscientemente, ¿Por qué le había hecho eso? ¿Por qué la había despreciado así? Desde aquel pequeño incidente, su única amiga había sido Kokoa, porque por culpa de (3), había aprendido a no encariñarse con muchos amigos, porque te romperían el corazón después, por eso Kokoa era la única amiga que tenía en su vida.

Ella muy tierna y cariñosa, siempre la sacaba de sus malos ratos con sus consejos dignos de ser escuchados. La había conocido en la universidad hace un año, porque respecto a la secundaria, toda fue en completa soledad, sólo algunos compañeros que se dignaban a hablar con ella y uno que otro novio, pero nada especial.

¿Pero qué hubiera pasado si él no se hubiera distanciado de ella? ¿(1) sería igual que él? ¿Iría de fiesta en fiesta y de chico en chico? ¿Cómo una versión en mujer de (3) (3)? Quizá no había sido tan malo que él se hubiera alejado.

—¿Se te hace divertido despertarme a las 10 de la mañana?—Preguntó (3) parado enfrente de ella, con su pelo desordenado y mala cara, siempre se había preguntado cómo era que le hacía para estar siempre guapo
—¿Te he despertado?—Hizo su mejor imitación de niña inocente—Lo lamento, no ha sido mi intención
—Mmm, preciosa, huele rico—Dijo él y le robó una de sus tostadas
—Oye—Le reclamó—Dámela
—No
—Que me la des—(1) se paró para quitársela, pero él se la metió completa a la boca
—¡Que cerdo que eres!

(3) se habría reído, pero estaba ocupado comiéndose la tostada que apenas cabía en su boca. ¿Cómo coquetear con (1)? ¿Cómo insinuarse sin que ella le aterrizara su mano en la cara?…

¡Claro! No tenía que coquetear, sólo tenía que actuar… ¡Actuar, claro! Cantarle una canción, invitarla a cenar, darle alguna rosa. (1) era de las chicas que ya casi no quedaban, de esas que tenías que hacer un sinfín de cosas para que te tomen en cuenta, no de esas chicas que sólo les dices “Vamos a un lugar más privado” y ya está.

—Oye, ¿Te gusta la música?—Le preguntó (3) cuando terminó de comerse la tostada
—No creo que haya alguien en este mundo que no le guste la música
—Bueno, el otro día compuse una canción, y necesito alguna opinión, ¿Te importaría darme la tuya?
— ¿Por qué?—Se burló— ¿Todas las personas a las que les pedirías su opinión antes que a mí se las tragó la tierra?
—Oh, qué simpática que eres—Dijo sin la intención de sonar sarcástico
—Bueno, si no queda de otra
—Acompáñame a la sala de música—(3) la tomó de la mano para guiarla. En dos momentos ella quiso soltarse, pero él no la dejó

El aire abandonó el cuerpo de (1) al ver la hermosa sala de música: un enorme y hermoso piano color blanco, una guitarra, una batería, una trompeta, un micrófono, también una guitarra eléctrica y un bajo. La sala estaba pintada de un azul cielo precioso con varios posters de música de diferentes tipos en las paredes.

—Esto es hermoso—Dijo ella mirando la habitación
—Sí, sin duda—Sonrió (3)— ¿Piano o guitarra?
—Piano—Respondió (1) sin pensárselo
—Perfecto—Dijo con una sonrisa torcida y se sentó frente al piano, mientras tiraba de la mano de (1) para sentarla¬-junto a él—Bueno, ¿Lista para escuchar?
—Claro—Dijo encogiéndose de hombros

(1) escuchaba la hermosa melodía que creaban las mágicas manos de (3) completamente atónita; él tocaba hermoso, cada nota parecía ser perfecta, cada movimiento de sus dedos era exacto; era simplemente perfecto, completamente perfecto.

—Diablos, (3)…sólo… Wow—Dijo sonriendo—. Tocas… tocas hermoso.
—Gracias—Él la miró— ¿Te gustó? Aún tengo que inventarle una letra
—Está muy linda
—Igual que la chica que tengo al lado

Pensó que ella sonreiría, pero su rostro palideció de pronto.

—Lo sabía—Dijo ella parándose bruscamente
—Oye… ¿Qué te sucede?—Preguntó confundido
—Que no me has traído aquí para que escuche tu canción, a ti no te importa mi opinión—Espetó enojada— A ti sólo…sólo te importa flirtear con todas
—No, (1) yo…
—Ahórrate tus comentarios, por favor

Salió de la habitación hecha una furia ¿Por qué había creído que a él de verdad le interesaba algo acerca de ella más que meterla en su cama? No le extrañaba ese comportamiento, porque así era (3): no sabía lo que era tener a una chica como una simple compañera o amiga, pero eso no significaba que no le doliera que él quisiera seguir lastimándola; primero la había traicionado como amigo y ¿Ahora quería llevársela a la cama para usarla por una noche y luego… y luego desecharla como lo había hecho hace 11 años atrás?

3 comentarios:

  1. Waaaa esta muy interesante, me encanta la personalidad del chico, tambien la de la protagonista.
    Esperare la contii, se ha quedado muy interesante. *_*

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  2. Por favoooooor!! Necesito contiii!! Esta muy bxjdk no me dejen con la duda!! Contiii

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  3. Ese chico es tan asdfghjk!!! Y ella también!! Me encantan los dos :3
    A esperar la contii *w*

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